Fin de año: un calvario para los adictos a la comida

Un especialista en nutrición responde las preguntas que necesitamos sobre adicción a las comidas.

En plenas fiestas de fin de año los alimentos y bebidas son protagonistas de las reuniones familiares o entre amigos, y nunca falta esa persona que termina la noche con el cinto aflojado y el pecho inflado por semejante ingesta, pero hay riesgos concretos, principalmente para los adictos a la comida.
El licenciado Gustavo Laplaca, con 18 años de experiencia en el tema en Buenos Aires y director del Centro Integral de Nutrición, Trastornos Alimentarios y Obesidad “Sin Trastornos”, explicó en una entrevista con este diario los riesgos existentes de darse “una panzada” en los eventos de fin de año.
¿Se puede decir que existe la adicción a la comida?
Sí. Esta adicción puede surgir por cuestiones biopsicosociales. Es cierto que hay mucho disenso con respecto al término “adicción”. Pero no es casualidad que haya comidas más adictivas que otras. De hecho no hay nadie que se pegue un atracón con zanahoria o sea adicto a ella.
¿El problema es con los dulces?
Hay quienes son adictos a los dulces y comen tortas o golosinas que incorporan más azúcares al cuerpo. En el caso de las personas que son adictas a los alimentos más elaborados, generalmente consumen muchos condimentos y sal.
¿Y las harinas?
Está comprobado que las harinas refinadas tienden a ser más adictivas que otras sustancias como las fibras. Hay estudios realizados que comprueban que los mismos neurotransmisores que intervienen en la adicción a las drogas o el alcohol, también lo hacen en la adicción a la comida.
¿La comida tiene el poder adictivo de una droga?
No. Pero cuando una persona que padece ansiedad ingiere alimentos con alto contenido en azúcares, le produce cierto alivio, casi como si fuera un ansiolítico, porque de hecho la glucosa interviene en la síntesis de ciertos neurotransmisores que producen tranquilidad y placer por muy corto tiempo.
¿Y los otros factores?
Lo social, por ejemplo: existe todo un medio que nos dice que consumir determinados alimentos nos va a hacer no solo más felices sino más fuertes y que experimentaremos una especie de “orgasmo gastronómico”. Así se promueven alimentos que uno podría evitar y que son atractivos a través de su envase o su gusto, que muchas veces son artificiales.
¿Hay causas psicológicas y físicas?
Hay personas que comen porque están deprimidas o ansiosas y otras que lo hacen porque necesitan descargar un dolor psíquico. Desde lo físico, existen síndromes de tipo neurológico que no tienen el control como para poder frenar a la hora de comer y lo hacen hasta el hartazgo. Eso no es adicción, es compulsión irrefrenable ¿pero qué pasa? En principio se empieza a experimentar placer en ese estado y algo que al principio es simplemente una experiencia placentera, pasa a ser una compulsión fuerte, donde termina siendo una adicción.
¿Cuándo es momento de preocuparse?
La línea que divide a alguien al que le gusta comer de alguien que es adicto a la comida es muy fina: la clave está en si afecta la vida cotidiana y la salud. Una persona que comienza a tener diabetes tipo 2 porque su adicción la hizo obesa y no puede frenar y sigue consumiendo, esa es una persona adicta.
¿Cuáles son los disparadores más comunes de esta adicción?
La crianza tiene mucho que ver: si la persona fue criada en un ambiente donde la comida tiene mucha relevancia (ambiente obesogénico) y tiene una presencia que resuelve un montón de situaciones como pueden ser estados de soledad o aburrimiento. Después hay cuestiones que son muy particulares de cada persona, como fallas en el control de sus impulsos. Así como está el jugador compulsivo está el comedor compulsivo que al comer recibe una “descarga” que hace que aunque desee no comer, no lo puede evitar.
Y lo hace con una finalidad, que en general tiene que ver con anestesiar el “dolor psíquico”. Nadie se pega un atracón o es comedor compulsivo por casualidad, siempre hay una razón.
Si uno advierte que un pariente o amigo tiene comportamientos adictivos con respecto a la comida, ¿cómo se lo puede ayudar?
Sugiero no hablarle en la mitad de su consumición porque lo único que se va a conseguir de esa persona es una negativa total y ahí, en lugar de ayudarlo, vamos a agudizar el síntoma. Lo que recomiendo es esperar a tener un encuentro con esa persona en donde no se esté comiendo, en donde haya una charla agradable, tranquila y donde uno pueda empezar hablando de uno mismo para generar cierta empatía con la persona a la que se va a marcar su problema. Y luego recurrir a un médico especialista.
¿En qué consiste el tratamiento?
Es multidisciplinario. Siempre es conveniente que intervenga un médico nutricionista, un psiquiatra de ser necesario porque hay compulsiones que son sumamente agudas y la terapia psicológica.