Se llevó a cabo el Seminario “La defensa de la Base Aeronaval de Río Grande en el Conflicto del Atlántico Sur”

Cuarenta conscriptos y suboficiales se trasladaron desde diferentes puntos del país para relatar en primera persona sus vivencias.
Este fin de semana se realizó el Seminario “La defensa de la Base Aeronaval de Río Grande en el Conflicto del Atlántico Sur”, donde cuarenta conscriptos y suboficiales relataron en primera persona sus vivencias.

Los expositores estuvieron acompañados por sus esposas e hijos y arribaron desde la provincia de Buenos Aires, Mendoza, Corrientes, Entre Ríos, San Juan, La Pampa, Capital, Neuquén y Santiago del Estero.
El seminario forma parte del proyecto de restauración y puesta en valor de los bunkers que se utilizaron en el Conflicto del Atlántico Sur en 1982. Durante el fin de semana los protagonistas recorrieron algunos de ellos y sus antiguas posiciones tanto en la Base Aeronaval como en la estancia María Behety, lugar de despliegue de las unidades de Infantería de Marina.
Allí estuvieron en el galpón de esquila, sector donde dormían, y pudieron apreciar distintas inscripciones que realizaron en aquella época en los tablones de los corrales.
Los conscriptos Daniel Echegaray y Jorge Rodríguez, provenientes de San Juan y pertenecientes al Grupo de Artillería Antiaérea de la Fuerza Aérea, regresaron a su bunker después de 36 años y comentaron cómo era vivir en ese momento y que a pesar de los casi 40 años desde que fue construido su estado de conservación es muy bueno.
El ex Cabo Segundo Tomás Reyes, proveniente de Corrientes, mencionó que después de varios días de recorrer la base e ingresar al hangar aeronáutico donde normalmente trabajaba, se reencontró consigo mismo y le trajo una gran paz interior y serenidad.
Los conscriptos Gustavo Sékula, de Buenos Aires, y Juan Barreto, de Corrientes, también regresaron a su antiguo bunker y recordaron anécdotas sucedidas durante su estadía allí. Por su parte, el Conscripto Alejandro Motilla relató cómo se desplazaban de un sector a otro en el inmenso galpón de esquila –el más grande de Sudamérica–, y que estaba dividido por decenas de pequeños corrales.
Además de recorrer el lugar, Motilla pudo encontrar su antigua posición después de transitar varios kilómetros por la ruta de ripio y un cruce de caminos, orientándose con una señal de tránsito.

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