La historia del primer matrimonio gay de España: una mujer se disfrazó de hombre para casarse por iglesia

Se llamaban Marcela Gracia Ibeas y Elisa Sánchez Loriga. Corría 1885 y cursaban la Escuela Normal de Maestras; el padre de Marcela, que era militar, sospechó de esta amistad de carácter íntimo, y mandó a su hija a estudiar a Madrid. Con la distancia, todo se enfriará, habrá pensado. Y se equivocó. Su hija regresó recibida de maestra, y les adjudicaron poblados cercanos donde trabajar: Calo y Dumbría.

Recorrían las distancias que las separaban para reunirse. Idearon un plan, o les fue saliendo poco a poco: Elisa dijo a los vecinos que se iba a La Habana. Al tiempo, Marcela recibió con los brazos abiertos a un pariente de su amiga con un parecido asombroso a ella: Mario. En realidad, Elisa no se había movido de Galicia, sino que preparaba su rol, su interpretación en el papel de Mario Cortiella –un primo muerto hacía años–, quien pronto se convertiría en el novio formal de Marcela.
Elisa se cortó el pelo, compró ropa de hombre, aprendió a fumar y se presentó en la sacristía de San Jorge, en La Coruña. Fue a la Escuela Normal en 1901 y pidió un certificado de estudios; dijo que se llamaba Mario. Explicó al párroco Cortiña que había vivido en Inglaterra; que quería abrazar la religión católica y recibir el bautismo. Le dieron primero el bautismo y después aceptaron que trajera a su novia para casarse con ella.
Ese mismo día decidieron casarse; una decisión que no era meramente sentimental: en el marco de la época fue una decisión heroica. Fueron a la Iglesia de San Jorge, en La Coruña. Elisa se hizo pantalón, chaleco y chaqueta masculina. Todo el año había estado practicando para ser lo que sentía ser.

Las chicas en la ficción, que se verá por Netflix: Greta Fernández y Natalia de Molina.
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“Ella vestía traje muy elegante, llevando con coquetería la mantilla, sujeta por un ramo de azahar. El traje de Mario era nuevo y muy bien hecho. Lucía una cadena de oro y sortijas. El peinado era algo achulapado (sic)”, escribió el reportero de El Suceso Ilustrado mucho después, cuando la boda se hizo noticia. ¿Por qué se casaron?
El escritor Narciso de Gabriel, que publicó en 2008 la novela Elisa y Marcela más allá de los hombres, opinó que fue “porque Marcela estaba embarazada. La primera interpretación que dio la prensa entonces es que fue para buscarle un padre al niño. Elisa se convirtió así en Mario con un afán protector y no por ningún tipo de perversión sexual. Yo me inclino por pensar que quizá el embarazo no fue accidental, sino que las dos quisiesen tener descendencia”. Pero esta es nomás una conjetura, porque, como comentó Isabel Coixet (quien está rodando una película sobre la pareja): “He consultado toda la hemeroteca de la época y hay muchas lagunas y misterios. También entonces había fake news ”.
Después de la boda, los recién casados tomaron chocolate con churrosen el domicilio de la madrina, salieron de compras y fueron felices y contentos a retratarse en el conocido establecimiento fotográfico del señor Sellier, el cual, a los pocos días, puso la foto en su escaparate, al igual que otras muchas. Apenas tienen dos fotografías juntas; la de la boda y otra que se hicieron más adelante en Portugal, con un fotógrafo que les prometió la mitad del dinero que recabara por la venta. Cabe destacar que la boda, según el Archivo Diocesano, hasta el día de hoy es válida. Ni la Iglesia ni el Registro Civil anularon las actas que de este matrimonio se levantaron, por lo que éste es el primer matrimonio homosexual del que se tiene constancia registral en España.
Tras permanecer varios días en una pensión de La Coruña, el joven matrimonio tenía comprados los boletos para viajar a Tui, en la provincia gallega de Pontevedra, en viaje de novios, y posteriormente a Oporto, Portugal, en donde tenían unos familiares. Entonces los acontecimientos tomaron un cariz inesperado.
Alguien las delató ante el cura luego de la boda; el cura hizo llamar a Elisa que declaró: “En mi niñez he vestido faldas; pero notando que me sentía más hombre que mujer consulté en el extranjero, y un médico me dijo que era hermafrodita y podía optar por el sexo masculino, por prevalecer éste en mí”. Dos médicos la examinaron y declararon que no era hermafrodita, sino una mujer hecha y derecha; que incluso por lo menos una vez había dado a luz y tenido un hijo. Una turba acudió a casa de la pareja para linchar a Elisa: “¡Que salga el marimacho!”, gritaban al tiempo que agitaban cencerros. Ella salió despavorida y huyó; la policía además había pedido su captura. La prensa se cebó en el caso del Matrimonio sin hombre y fue sensación en todos los diarios españoles de la época. La revista Nuevo Mundo, de Madrid, vendió en sólo dos días 19 mil ejemplares con la historia y la fotografía de boda de las chicas.
Emilia Pardo Bazán, una escritora célebre del momento, se lamentó de que el amor entre estas dos mujeres se convirtiera en un caso policial de la prensa amarilla; “nadie vulgar pudo haber pergeñado semejante engaño”, escribió. Un neurólogo recomendó la internación en un manicomio de las dos, por la enfermedad –la homosexualidad– y para evitar que contagiaran su mal a otras personas.
Las dos juntas lograron escapar a Oporto, donde vivieron escondidas: Elisa haciéndose llamar Pepe, esta vez. La policía portuguesa las halló y las detuvo, España solicitó la extradición, que fue negada hasta tanto las juzgaran los portugueses por falsificación del documento de identidad: fueron absueltas en 1903 y se embarcaron rápidamente con destino a Buenos Aires.
Marcela dio luz a una niña, de nombre Gabriela; Elisa cambió su nombre por María para eludir los controles policiales españoles y se casó con un señor danés, 24 años mayor. Algunos creen que lo hizo porque esperaba heredarlo pronto; como fuera, el tiro le salió por la culata a Elisa, ya que ella se niega rotundamente a tener relaciones sexuales con él. El danés investiga quién es María y al cabo concluye que es la misma persona que protagonizó el Matrimonio sin hombre de tanta fama en la prensa española dos años atrás. Acude a la iglesia donde pide la anulación del matrimonio. Vuelven a examinar a Elisa y determinan que ella no es virgen y está sana y en perfecta condiciones para ejercer sus deberes conyugales. Después de esto, se les pierde la pista, a la prensa argentina el caso no le pareció interesante.
Nada volvió a saberse de las dos mujeres que fueron contra todo para vivir su amor. Dado que el banquete con perdices al final no está a la vista, uno podría conjeturar que acabó en dolor y tristeza. Pero precisamente el queno se sepa qué pasó después con ellas, ni que hayan formado parte de la crónica policial argentina, tal vez signifique que sí hallaron las dos un modo para estar juntas para siempre. 
Fuente: clarin